Los escritores invisibles: los redactores

Soy redactora y escritora en mi tiempo libre. Pero hoy quiero hablarte de mi trabajo, el de escribir para otros.

A veces, parecemos personas con poderes, como Superman o Wonder Woman, pero lo único que hacemos es pensar y ponernos en los zapatos de nuestros clientes.

Cuando un cliente necesita un artículo, un texto, un post para una red social, un vídeo, una imagen (sí, los redactores también hacemos tareas relacionadas con el diseño) ahí estamos nosotros.

Un redactor ha de tener cajones en su cerebro

Uno de tus clientes te necesita porque ha abierto una tienda de maquillaje en Internet. Hay productos pero no hay VIDA.

Son objetos inertes, y para que cual Pinocho empiecen a hablar, ahí entro yo: con artículos que los coloquen como protagonistas de historias. O manteniendo conversaciones en las redes sociales con los seguidores y clientes.

Sin palabras, el talento y los servicios se perderían como lágrimas bajo la lluvia

Escribo para ti como si lo hiciera para mí

Otro cliente se dedica a ofrecer servicios destinados a personas. Servicios que están relacionados con los más vulnerables de nuestra sociedad. Entonces, la redactora ha de abrir otro cajón y cerrar el del maquillaje.

Es el momento de pensar en ese colectivo. En buscar, leer, documentarme y llegar a emocionarme mientras escribo.

Tal vez mi nombre no lo leas ni me veas en ninguna fotografía, pero tras esos textos, esas palabras que te han conmovido estoy yo. La redactora invisible.

Un trabajo digno a veces, mal pagado

  • Imagina una página web llena de imágenes y ni una sola palabra.
  • Imagina una conferencia y todos permanecen en silencio.
  • Imagina tu empresa con un logo potente y atractivo, muda.
  • Imagina que a partir de hoy tuvieras que encargarte de redactar artículos, post para tus redes sociales o crear una imagen con una frase que enamore a tus seguidores y clientes.

Sin la escritura, sin los textos, las descripciones, las emociones y los datos no llegarían a esa persona que tanto te interesa, y el vehículo que has empleado para llegar a ÉL, soy yo.

Hoy quiero dedicar un fuerte aplauso a todos los redactores que en su día estudiaron en la universidad, han seguido formándose con los años.

¿Mi caso? Paso por el mejor momento que he vivido como redactora y publicista.

Por ello, doy gracias a cada una de las personas que confían en mí para que sus empresas y proyectos tengan VOZ.

Juana Sánchez G.
Gracias por leerme.

Las ventajas de una buena comunicación entre el redactor y el cliente

Vamos al grano, hoy nuestro protagonista es el cliente y no el redactor. Pero, ante todo, la buena comunicación que debe surgir entre ambos.

Consejos que te ahorrarán tiempo y costes

  • ¿Tienes clara tu idea o tu proyecto? El redactor se encargará de que los textos o el proyecto que tienes en mente, se convierta en palabras que llamen la atención de tus futuros clientes. Pero, ojo, es redactor, no adivino. Imagina que vas a una panadería y cierran porque tú aún no te has decidido por el pastel que deseas comprar.

Tu idea o proyecto es ese pastel que te encanta y sabes describir en una frase lo que significa para ti

  • Trata de escribir un plan para tu blog que explique todo que quieres tener y todo lo que el redactor necesita saber. Dile si quieres que consulte fuentes específicas, prepara una lista de temas y guíalo en la dirección que te has planteado tomar.
  • Dale alas al redactor si tienes dudas. Tal vez, tengas en mente un nombre ideal para tu negocio o para un titular. Pero, una vez que lo compartes y alguien ajeno a ti lo dice en voz alta, suena extraño, poco comercial o surrealista.

Dejarse aconsejar es también un ahorro de tiempo. Piensa que el redactor tiene experiencia en redactar textos y que un buen titular es la antesala de una lectura.

  • Ten claro lo que NO QUIERES que aparezca en tu blog o página web. Imaginemos que tu empresa está enfocada a la belleza. Pero tus productos son ecológicos. Dejar claro al redactor que no quieres un artículo o información relacionada con cosméticos o personas que no consumen este tipo de productos, es importante.
  • ¿De veras ese cambio es producto de una necesidad o de un capricho? Ahora me pongo seria. El redactor te ha enviado un borrador. Te gusta. Pero, resulta que como te ha invitado a que modifiques o corrijas, coges el rotulador rojo y empiezas a tachar y cambiar sin saber muy bien el motivo. Piensa que tiene más clientes y aunque te respeta, dispone de 24 horas al día como tú.

A más cambios, mayor será el precio a pagar. Si cambias un párrafo o eliminas todo un texto, piensa si lo haces por el bien de tu negocio o porque sí

  • Escribe, llama y habla todas las veces que sea necesario con el redactor. Hablar no perjudica a nadie. Al revés. Hablando se entiende la gente. Y si no es así, pues habrá que dialogar más. Pregunta al redactor si le ha quedado clara tu idea. Si tiene la suficiente información como para pensar que forma parte de la empresa y ha interiorizado bien vuestros valores.

Eso sí, no llames a las 23 h o un domingo por la tarde, a no ser que el mundo se esté acabando, hay que respetar los horarios del trabajador

  • Apostar por un redactor profesional, con una trayectoria de años, es una garantía. Existen múltiples plataformas que te regalan los textos, pero piensa que no se van a implicar ni la mitad de lo que lo hará un redactor profesional e independiente.

Espero que estas ideas, te sirvan y a la hora de encargar tu proyecto te resulte más sencillo y ahorres tiempo y dinero.

Gracias por leerme,

Juana Sánchez G.

J’acusse…! Carta a los clientes de la redactora peculiar

J’acusse…!

CARTA A LOS CLIENTES DE ESTA

REDACTORA

Estimado cliente,

Permítame que me dirija a usted de un modo general, ya que no puedo dejar fuera de esta misiva algún nombre y después ser acusada de trato de favor.

Los hechos que me llevan a redactar estas letras se remontan a quince años atrás cuando comencé este trabajo tan lleno de espinas como  de alegrías.

Usted es el culpable de que a finales de 2019, siga enarbolando la bandera del redactor como un oficio digno y necesario en esta sociedad donde se insiste en que hombres y mujeres no leen.

Yo acuso a todas esa bocas que pronuncian semejante atrocidad: ¡Se lee! ¡Se escribe!

Por esa razón, mi estimado cliente, le doy las gracias por confiar en mí.

En esta redactora que escribe textos para su página web, busca frases ingeniosas para sus artículos e investiga hasta el infinito para encontrar esa palabra que desea, como si fuera una arqueóloga en busca del tesoro aún por descubrir.

Sin palabras, las calles no tendrían nombre. Las canciones carecerían de letras. Los ‘te quiero’ se esfumarían y sólo nos quedarían las pantallas vacías, quizás llenas de imágenes sin sentido.

Yo acuso, a quienes escriben sin haber leído.

Yo acuso, a quienes se hacen llamar redactores y no aman la palabra.

Yo acuso, a quien promete un buen posicionamiento pero un texto sin alma.

Yo acuso, a quien iguala  escribir a tener un trabajo de mentira.

Usted, cliente que respeta mi oficio y desea que el suyo brille gracias a un texto escrito con delicadeza y a la vez, con la misma garra que un tigre ataca a su presa, merece toda mi gratitud.

Gratitud que otros no ven y reflejan de diversas formas: no pagando por los servicios prestados, como si este trabajo fuera menos valioso que el suyo.

Gratitud por no pensar que me está dando una limosna, sino pagando por un servicio como lo hace cuando compra sus viandas frente al ordenador o en el supermercado.

Como despedida, le deseo que en 2020 sigamos juntos, para que las palabras se oigan más fuerte sea cual sea el soporte, porque esta sociedad las necesita.

Atentamente,

Juana Sánchez G.

¿Qué tienen en común un redactor freelance y La maravillosa Señora Maisel?

Hola,

Lo confieso, detesto a los articulistas que hacen símiles con herramientas de marketing y series. No tengo Netflix ni ninguna plataforma cool. Pero sí estoy pudiendo ver La maravillosa Sra. Maisel.

Hacía tiempo que no me reía a carcajadas, que no me sumergía en una historia creíble a ratos y rocambolesca en otros.

Una mujer, años 50. De ella se espera que se case, tenga hijos y un buen cuerpo. ¿Aspiraciones laborales? ¿Para qué necesita trabajar si ya lo hace el marido? ¡La Señora Maisel lo necesita! Sobre todo cuando el marido perfecto le pone los cuernos, y entre otras cosas trabaja como monologuista por accidente, porque la que tiene gracia es ella.

La Señora Maisel es espontánea,  un redactor también debe serlo

Si hablamos de un encargo con los límites bien trazados, poco espacio hay para la espontaneidad, pero si en ese artículo estamos hablando de nosotros, qué mejor que escribir como hablamos.

Aquí te dejo una prueba, un artículo breve que subí a Linkedin y que va por las 3.655 visualizaciones. Si lo lees comprobarás que no es gran cosa, pero sí natural y espontáneo. ¿Quiénes son esos ‘mirones’ que observan tu perfil pero nunca dicen nada?

En mi caso mi forma de desahogarme es el humor negro. Cáspita, resulta que sólo debía “subirme” al escenario de las publicaciones y decir lo que a todos les pasa por la mente, de ahí el éxito del texto. ¡Espontaneidad e identificación con el público!

La Señora Maisel, algo bebida y algo trastornada, se sube a un escenario y la gente ríe ante sus ocurrencias que no dejan de ser un drama, pero las palabras, el tono y su carisma la elevan a lo más alto.

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La Señora Maisel gana poco dinero pero aspira a triunfar, un redactor debería pensar igual

Aunque proviene de una familia acomodada, se niega tras su separación a vivir de sus padres, pero de monologuista siendo novata y mujer no cobra mucho por lo que acepta todo tipo de trabajos: en un centro comercial pasa por diferentes puestos.

Y por la noche se produce la magia, sube a un escenario aunque algunos sean mugrientos. Lo mismo ocurre con el redactor. Debe trabajar mucho, y no cuenta con el apoyo económico de su rica familia (al menos la que escribe, no) Por lo tanto, viva el pluriempleo e intentar llegar a fin de mes.

¿Lo hermoso? Poder subir a ese “escenario” y ser tú. Escribir lo que te nazca del alma o bien para un cliente que tenga una mentalidad abierta o para ti y demostrar todo lo que puedes ofrecer con tus palabras: la risa, la empatía y la creatividad.

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La Señora Maisel es organizada y siempre va estupenda, un redactor… también

Si como en mi caso redactas desde casa, lo de ir estupenda lo dejaremos a un lado. Una buena ducha, vestirse de persona y el pijama bajo la almohada será suficiente. Pero en cuanto a la organización es importante para el redactor. Sobre todo si no quieres pasarte la vida cobrando una miseria por artículo cuando tú sabes que eres bueno.

La confianza es fundamental. Pero como todo en la vida, un exceso sin nada que ofrecer a cambio es absurdo.

Ella tiene buenos monólogos, tú tienes buenas historias y has de organizar tu tiempo para hacerlas llegar a todas partes y eso tiene que ver con redes sociales, con escribir correos o presentarte ante alguien que realmente vea-lea lo que haces. Ahí sí sería buena idea ponerte algo decente.

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La Señora Maisel es excéntrica y yo, digo los redactores también pueden serlo

Qué aburrido es navegar por internet y encontrar artículos primo hermanos de otros. Qué agobiante resulta leer libros en serie porque ‘es lo que se lleva’.

¿Y si tú eres lo más parecido a una brisa fresca que entra por la ventana? ¿Vas a cerrarte en banda y ser otro clon que huele a rancio?

Ser excéntrico o peculiar no suele gustar a todo el mundo, pero ojo, si logras seducir al público adecuado no te abandonará jamás.

No soy una redactora al uso, pero sé que tú lees mis artículos y eso me hace tener esperanza en esta profesión.

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La Señora Maisel no es clasista y tú como redactor tampoco

Sólo hay que echar un vistazo a su representante y a ella. La noche y el día. Y no sólo por el atuendo sino por las vidas tan diferentes que les ha tocado en suerte. ¿Existe algún problema en saber relacionarse con cualquiera, sea cual sea su trabajo, sus ingresos, cómo vista o cómo hable?

No debería, pero no siempre es fácil. Te lo digo yo que vivo en un barrio de la periferia pero a la vez, me he movido por ambientes pijos. En ambos lugares me he sentido cómoda por una razón: ser yo misma. De vuelta con la naturalidad.

Con ser redactor ocurre lo mismo, cuanta más gente conozcas, de todo tipo, con ideas contrarias a las tuyas, que no te den la razón o te hagan la pelota, mucho mejor para ti y para tu forma de escribir.

¿Por qué? Te ayudará a pensar y a reflexionar antes de teclear una idea que creías certera. Ponerse en los zapatos del otro ayuda y mucho a pisar firmemente la tierra.

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La Señora Maisel sonríe y llora, pero el humor es su salvación. La del redactor también

Que estés sobre el escenario poniendo a caer de un burro a tu marido y hagas chistes sobre su amante, sobre ser judía, digas tacos y todo ello sea aderezado con lágrimas y risas es una proeza.

Pero así es la vida. Un día tu padre se muere y aunque hayas tenido un año para prepararte sucede y la vida no se detiene y eso es lo que muestra esta serie. Nada de ciencia ficción: la crudeza de nuestras existencias pero con una opción: la de ponerle color a los problemas, aunque sea tirando de humor negro.

Tanto si te subes a un escenario como si escribes, más te vale aliarte con el humor y tomarte a guasa los palos que te van a tocar, la sociedad en la que vives y observar el éxito de los mediocres mientras a ti te duele la espalda y no te llega para pagar algunas facturas.

El humor nos hará libres y quién sabe, quizás nuestros textos reciban algún aplauso como los monólogos de la grandiosa Señora Maisel. Por cierto, doble aplauso para los guionistas.

Gracias por leerme.

Juana Sánchez González

Necesito un redactor o necesitas un REDACTOR

Si ponemos en Google: Necesito un redactor, aparecen cientos de lugares.

Hola cliente. Soy una redactora que va por libre, eso no significa que escriba en un prado verde, mientras saboreo un té.

Mi trabajo es duro, serio y le pongo mucho interés, como la mayoría de los redactores freelances.

Si nos hacemos llamar así no es por parecer más sofisticados, es lo que hay, ya sabes: la jerga.

Pero la realidad se llama Joana o Juana y escribo artículos en una habitación-despacho pintada de color azul. Me gusta mi trabajo y  mimar a mis clientes.

¿Necesitas un redactor o necesitas un redactor de calidad?

Si has llegado hasta este artículo igual has visto mis tarifas. Igual también te has pasado por trabajos anteriores. Quizás te empiezo a generar confianza. Me alegro.

Eso es lo positivo de contar con alguien con quien puedes hablar de tú a tú. Primero te abro la puerta de mi casa, echas un vistazo, te pones cómodo y miras cada rincón, sin problema.

Después, nos sentamos y me cuentas qué título tiene tu historia: tu empresa, tu proyecto, tu blog o incluso ese breve texto que deseas escribir y no te sale.

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Aquí no encontrarás una casa recargada, llena de adornos y florituras. Mi estilo es minimalista: no quiero distracciones, quizás un pequeño minion sobre mi router, pero lo demás invita a escribir, a pensar para dar lo mejor.

Piensa en mí, cuando busques un redactor, te irá bien

¿Demasiado confianza?

Igual no es tan buena, puedes llegar a pensar pero lo soy. He tardado años en poder decir este tipo de cosas.

Si depositas tu confianza en mí, voy a trabajar duro en tu proyecto.

La razón es sencilla, soy REDACTORA y no, no estoy gritando en el lenguaje de las mayúsculas, es para que quede claro que igual que yo no sería capaz de ofrecer mis servicios como electricista (me encanta poner ese símil) no me gusta que quien no sabe darte lo que necesitas, se haga llamar redactor.

Supongo que como tú, considero que el tiempo es oro y que el dinero cuesta mucho ganarlo, como para regalarlo.

Si buscas textos útiles, atractivos y generar una comunidad, cuenta conmigo.

Si buscas preguntar por cualquier detalle que todo el mundo da por hecho que debes saber pero que tú desconoces, cuenta conmigo.

Gracias por leerme y vamos a escribir.

No tengamos miedo a soñar.

Juana Sánchez G.

El misterio de los artículos sin un ❤️ corazón👍🏽un like y 0 comentarios

¿Cómo es posible que este artículo tan bueno tenga cero comentarios?

Me pasa con frecuencia. Necesito información, la encuentro y compruebo que nadie da las gracias al autor del artículo. No es ninguna desgracia si quien lo redactó lo hizo por amor al arte o fue un hecho puntual.

El problema viene cuando te dedicas a escribir y tus artículos no tienen repercusión alguna.

Somos muchos en este barco llamado internet y no es tarea fácil hacerse un hueco. Aprovecho la ocasión para dar las GRACIAS a quienes dejáis un me gusta y además os leéis el texto 🙂

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Los corazones de los lectores hay que ganarlos a base de buen contenido

No voy a descubrir nada nuevo, pero sí voy a recordar algunas cuestiones que pueden servir para clientes o personas que no comprenden cómo sus artículos  pasan sin pena ni gloria cuando han trabajado en ellos.

No existe una fórmula magistral y la tengo yo, pero sí poseo mi propio método tras haberme caído unas cuantas veces, ya sabéis que yo de gurú nada de nada.

Además de:

  • Un buen contenido.
  • Resolver una necesidad.

Hay que dedicar tiempo a escribir.

Si deseas que te lean, y además que alguien invierta unos segundos de su vida en dejarte un comentario, ofrece algo escrito no sólo con el corazón, también con profesionalidad.

Si bien me gusta saber algo más sobre el que escribe, la realidad es que puedo vivir sin conocer qué desayuna, come o cena. Si es un experto en Literatura, aspiro a que me ayude con sus conocimientos, no con su dieta.

En ese error caen o caemos al principio, en el de contar asuntos personales, que tienen su encanto pero que hay que dosificar.

Fíjate en los grandes redactores, no temas no saber de todo

¿Cómo se hace un gran deportista? Con actitud positiva, sí. ¿Entrenando? ¡Sí! Y con eso vuelvo al tiempo. Si no dedicas horas de tu día a escribir no podrás entrenar la escritura, y se entrena, vaya que si se entrena.

Si nunca has tenido la necesidad de levantarte de la silla, estirar bien la espalda y dar vueltas por tu casa o donde escribas para despejar la cabeza, no estás ‘entrenando’ lo suficiente.

Y sobre todo, si te cierras como una ostra y no sigues el trabajo de otros redactores que llevan más tiempo que tú en el oficio , poco o nada vas a crecer y seguirás ofreciendo lo mismo a tus clientes.

Soy bueno escribiendo, ¿por qué nadie le da al ‘me gusta’ o me regala un corazón?

  • Quizás no eres tan bueno. Qué mal me siento al escribir estas palabras pero son ciertas. Hay personas a las que se les adjudica el papel de redactor en una empresa.  Saben unas cuantas normas básicas para estructurar un texto, pero su trabajo se parece al de un millón que pululan por la red.
  • Escribes para ti o para el lector. Hace unos días una editora lanzó esa pregunta  vía Twitter y respondí: Escribo para mí con la esperanza de que haya mucha gente que le guste lo que hago. Ahí contestó mi alter ego. Un redactor de contenidos tiene que escribir para el lector.
  • El objetivo del blog o de la página web no se entiende. Veo una foto del equipo donde llevan nariz de payaso por no sé qué fiesta, leo un post con información sobre el sector al que se dedican junto a una foto de un banco de imágenes que todos hemos visto: este chico con barba pelirroja.
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Aquí está nuestro amigo, creo que no era consciente de que iba a encabezar miles de artículos. A veces, ni agradecen al autor, servidora sí: Rawpixel, mil gracias.

Sé original sin llegar a ser histriónico… ¡Sé como te pida tu cliente y algo más!

Las tentaciones son diversas. Los memes. Los gifs. Los emoticonos. Las imágenes impactantes. Listados curiosos. Enlaces y más enlaces para generar más tráfico. Elegir palabras clave y abusar de ellas, sembrando el texto como si fuera un campo fértil.

Antes de escribir hay que preguntarse:

  • ¿Quién es mi cliente?
  • ¿Qué busca?
  • ¿Cuál es su público?
  • ¿Cómo se relacionan verbalmente sus seguidores?
  • ¿Conozco su jerga?
  • ¿Detestan los memes o se los tomarán con humor?
  • ¿Tengo confianza con este cliente para plantear otra estrategia?

Obviamente, en un blog dedicado a la administración no vamos a emplear un tono desenfadado. ¿He dicho yo eso? Pues me retracto. Nos debemos al cliente, pero hay muchos profesionales que apuestan por un tono diferente al de su competencia y eso no quiere decir que el contenido no sea útil y serio.

Manuel Amate, el cliente con el que soñamos todos

No sé si conocéis a Manuel Amate de Domo Electra. En mi caso (momento personal) fue gracias al que entonces era mi pareja.

Le conocí en sus inicios y escribí un artículo sobre su caso: un electricista que acaba dando charlas en las universidades y que en 2019 tiene más suscriptores en YouTube que muchos expertos en marketing.

¿La razón? Supo encontrar un tono cercano y ofrecer un contenido didáctico a la par que divertido en una profesión que podría pasar desapercibida, ¿verdad?

Un Técnico Superior en Instalaciones Electrotécnicas, una persona que decide emprender y gracias a un amigo se introduce en el mundo digital donde traslada su forma de comunicar y hablar con los proveedores a las redes sociales.

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Manuel Amate, fundador de Domo Electra, excelente profesional y comunicador

Un hombre que dio vía libre a emplear la creatividad, pero que tiene una estrategia bien definida y que no ha abandonado a lo largo de los años.

Si analizamos su trayectoria desde 2011, su cercanía sigue intacta, sus textos son resolutivos y sus vídeos prácticos con algunas pinceladas de humor. Ha logrado crear una COMUNIDAD y desde luego atesora muchos corazones y likes.

A modo de conclusión diría que para que tus artículos no pasen sin pena ni gloria, aquí tienes mi particular receta:

1 pizca de creatividad.

2 puñados de paciencia.

3 sorbitos de profesionalidad mezclado con trabajo duro.

4 kg de comunicación con tu cliente.

Aderezado todo con mucha pasión y respeto por lo que haces.

Gracias por leerme y por ese me gusta 🙂

Juana Sánchez G.

Un día en la vida de un redactor freelance

Hola,

Hace tiempo que no nos leíamos. ¿Cómo va este mes de julio?. No voy a pronunciar la palabra prohibida entre los autónomos o freelances, vac… ¡No, tranquilo!

Hoy he pensando en dar un paseo por un día cualquiera de un redactor que haya de escribir para varios clientes.

He tenido el impulso de poner el título en Google, el título de este artículo y sólo me aparecía: Un día en la vida de un editor, de Jorge Herralde el fundador de Anagrama. ¿Veis? Todo está inventado.

Un redactor amanece que no es poco

He querido hacer este horrible juego de palabras, porque si eres redactor freelance, es decir no trabajas sólo para una empresa, sabrás lo que significa tener en tu mente diferentes encargos y que, por mucho que te organices, acabas escribiendo hasta tarde.

Son las 8 h. y ya has desayunado. O bien escuchando la radio o bien mirando por YouTube algún programa de corte humorístico porque te gusta afrontar el día con humor e informado.

Una ducha y ropa cómoda es tu uniforme. De hecho, hay días en los que te arreglas un poco más, para no caer en esa rutina donde parece que vayas en pijama. Lo primero de todo es abrir el correo y ver que tienes más de veinte notas de prensa.

Algunas son surrealistas.

Otras, te generan una medio sonrisa: “Le esperamos hoy a las 12:30 en la calle xxxx número xx, Madrid”, cuando tú vives en la Costa Blanca y ni volando llegarías a tiempo, además que ese cliente para el que escribes no paga una suma tan alta para poder costearte un viaje a la capital ida-vuelta por un artículo.

Un buen redactor tiene una botella de agua y apuesta por aplicaciones surrealistas

No es broma, el agua es fundamental. Y  hacer descansos. A veces te sumerges demasiado en el artículo que has decidido comenzar y te olvidas de la hora. Existen muchas técnicas y aplicaciones, como la famosa Técnica Pomodoro.

Sé que para muchos este tipo de herramientas pueden parecer un tanto absurdas pero, aunque yo no soy una millennial admito que esta sociedad me ha atrapado con sus prisas y su urgencia, a veces, un tanto desmedida por la entrega de un trabajo o la necesidad de tener una contestación.

La técnica pomodoro no es otra cosa que lo que antes era: ir a una biblioteca y oír música clásica o cualquier otro tipo de sonido que a ti te resultara blanco, es decir, no te incitara a distraerte.

El ruido blanco puede ser un vídeo donde se oiga el murmullo de gente hablando en una cafetería. Lo sé, parece de locos. Sobre todo, cuando has vivido el irte a escribir a una de verdad y te dejabas llevar por el sonido ambiente, pero no siempre podemos desplazarnos.

En cuanto al agua, hidratarse es importante, no descubro nada nuevo. Evitarás dolores de cabeza.

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Me pongo a trabajar y la vida está en mi contra. ¡Quiero escribir!

Lo más fácil del mundo es quejarse. Lo más difícil buscar una solución.

Hay clientes, hay amigos, conocidos, amigas de tu madre que  piensan que siempre estás ahí en Whatsapp, por ejemplo para responder a sus gifs llenos de purpurina, o para responder cómo estás.

No son culpables de nada. Los límites los has de poner tú. ¿Estado? TRABAJANDO. Se lo crean o no, porque nadie se cree que se pueda trabajar desde casa, parece una leyenda urbana.

A veces es imposible desconectar el teléfono porque esperamos un mensaje importante. Ahí radica la cuestión: IMPORTANCIA. Si lo es, pon un sonido particular a esa persona para mirar el móvil sólo cuando esa deliciosa melodía suene, no caigas en la tentación de andar mirándolo cada dos por tres como si fuera un tic.

Ahora dale al play si estás tan agobiado porque uno de tus vecinos está de obras, el otro tiene cuatro niños con ganas de jugar y no les lleva a un parque ni por asomo, el perro del vecino nuevo ladra porque le han dejado solo y tú estás a punto de gritar porque ya son las 12:30 y sólo llevas un artículo escrito.

¿Mejor? Me alegro. Ahora dispones de 2 horas más 15 minutos. Entre tú y yo, la técnica pomodoro se vendió hace unos siete años como el mayor descubrimiento tras la llegada del hombre a la luna. En mi caso, ni tengo un reloj en forma de tomate ni paro cada cinco minutos.

Apuesto por el sentido común. Pero si a ti te funciona, genial.

En mi caso, no puedo permitirme el lujo de no abrir la puerta si me están llamando o suena el teléfono y es algo urgente a nivel familiar. Por lo que , un sonido de fondo blanco, fuerza de voluntad, cerrar las ventanas y hacerte con un buen ventilador será más que suficiente.

Y lo más importante: PENSAR QUE SI NO HACES TU TRABAJO, LE ESTÁS FALLANDO A TU CLIENTE.

La tarde ha llegado y ni me he enterado

Hacer algo de ejercicio es aconsejable, en mi caso, llevo un mes que no hago nada y me siento mal por ello. Pero normalmente tengo una serie de rutinas para practicar yoga o hacer alguna sesión de hiit (gimnasia rápida, sería la traducción) o saltar con la cuerda.

Además de que sea sano para nuestro cuerpo, también nos llenará de nueva energía para ser los redactores más sanotes del lugar. Entre el agua y la gimnasia…

Lo que no hay que temer es a hacer descansos. Risa. Tengo el vídeo puesto, el segundo y acaba de sonar un pitido, el cual indica que debo descansar cinco minutos.

¿Qué tal? ¿Cómo te va la vida? O mejor no, voy a quemar algo de incienso, a ver… de lavanda está bien.

Me levanto de la silla, me estiro, miro por la ventana y ha venido un gorrión a visitarme. Ay, miro de reojo mi libro, quiero escribir. Escribir para mí. Venga, que son cinco minutos.

Como ves, un día en la vida de un redactor no es lo que te acabo de contar, cada persona somos un mundo y tal vez esta aplicación a ti no te sirva o tengas tu propia forma de concentrarte.

Igual tampoco tienes vecinos porque vives en un chalet (ay, qué suerte tienen algunos) por lo que ahora, que son las 18:40 y he adelantado trabajo, no me voy a poner ni a hacer gimnasia ni yoga ni seguiré con el crepitar de esta falsa chimenea en pleno mes de julio, voy a escribir para el libro que os comenté: Diario de una Redactora Peculiar.

Si os apetece me decís cuál es vuestro oasis casero a la hora de escribir, o bien artículos, un libro o cualquier otra cuestión.

Gracias por leerme.

Juana Sánchez G.

#quieroseredactor V

 

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Jerry Lewis y la máquina de escribir de Leroy Anderson

 

Hola, lo sé hoy tampoco es miércoles pero soy una redactora inquieta y me muevo, unas veces para aprender y otras, porque así lo decide la vida.

En esta entrega sobre mis vivencias como redactora, voy a hablar de qué se siente al ver que tu texto lo firma otra persona. Tengo que preguntar a Roger si él ha vivido,  sentido o ha sufrido esa experiencia.

 

¿Entregar un artículo a otro ser humano es como vender tu alma al diablo?

 

Igual piensas que soy exagerada, pero así me sentí la primera vez. ¿Cómo era posible que una idea que había parido mi cerebro acabara recibiendo likes o siendo compartida, sin que nadie supiera que yo era la responsable?

Me tomé con humor este asunto hace relativamente poco, cuando leí una entrevista a Enrique Rubio y comprendí que se trataba de mera prostitución. De poder comer. De poder pagar facturas.

La diferencia entre Enrique Rubio y yo, es que él es conocido y tiene un agente, y éste le propuso ganar un dinero extra siendo un negro literario de nivel

En su caso, ha redactado libros para famosos o lo que hoy en día se considera famoso. Enrique Rubio se autodenomina negro confeso y orgulloso de serlo, me parece genial, sobre todo si le pagan bien, pero él ya tiene publicados libros y servidora…

Aceptar ser un negro para Alejandro Dumas o ser tu propio esclavo

 

Lo importante es dedicarte a lo que te gusta, si bien sigue siendo extraño leer cómo le dan la palmadita en el hombro a otro por algo que has hecho tú, hay otros momentos gratificantes cuando escribes para otro.

Mientras llegue el día en que pueda dedicarme a escribir para ti, que es lo más parecido a escribir para mí, habrá que escribir para los demás. Y los demás, son clientes. Y a los clientes se les respeta.

 

El síndrome de Muquet, cuando no se valora el oficio de redactor

 

Noooooooooo, no voy a quejarme como el otro día. Ni de nuestro sueldo, ni de nuestro poco reconocimiento ni de nada similar. Pero si lo tuyo es escribir, me apetece que leas este artículo que trata sobre esta sensación extraña que nos corroe, al vender nuestros escritos.

Hasta que llegue al nivel de Enrique Rubio y otros escritores fantasma de prestigio, no cobraré cantidades astronómicas.

Lo quiero dejar claro porque no es mi objetivo transmitir la idea de que escribir un libro o autobiografía de un famosillo que aparece por televisión o YouTube, sea la salida para retirarse y vivir en una isla paradisíaca si perteneces a este gremio.

 

Redactores míos, seamos fuertes, practiquemos el humor y sobre todo, durmamos con la conciencia tranquila.

 

Hasta el próximo lunes, martes o viernes.

 

Joana Sánchez G.

#quieroseredactor III

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Jerry Lewis y la máquina de escribir de Leroy Anderson

Hola, qué rápido transcurren las semanas. Parece que fue ayer cuando compartí contigo la importancia del orden y el descanso. Ok. Hoy es martes pero no creo que mañana pueda escribir y soy redactora de palabras.

Sí, mis chistes malos y yo.

Si hay algo que me gusta es contar algún hecho que me haya sucedido en el día o en el mes. Las mejores historias suceden cuando menos te lo esperas y en los lugares más insospechados. La historia de hoy tiene unos orígenes remotos pero, ha llegado a su clímax  el 29 de enero de 2019 en Linkedin.

 

Un redactor también tiene sus ídolos y los menciona

 

En mi caso no comparto otros blogs porque sea buena persona o porque pretenda que me pidan colaborar. Es una técnica que conozco como tú que me estás leyendo, pero pocas o ninguna vez la he utilizado.

Si te lo comento es porque hoy, en Linkedin esa red profesional que no es para ligar, había un artículo de un redactor Roger García, al que sigo desde hace años: El blog del redactor freelance   

¿El título?

Redactores en el mundo: cómo trabajar de redactor freelance en Estados Unidos

A mí me ha parecido interesante y he dejado un comentario. Sobre todo, porque el autor del texto, Diego Murcia , redactor, traductor y un luchador (añado) retrata un ambiente y unas condiciones similares a las de España.

Para empezar, por lo visto el redactor es una figura, como sucede en otros oficios, donde parece que cualquiera puede meter el pie y hasta la mano, sobre todo para teclear por una miseria.

Y escribir por poco dinero es regalar tu trabajo, y el que trabaja merece un sueldo digno

 

¿Guerra de precios o vamos a ofrecer artículos de calidad?

 

He extraído buenas ideas entre los comentarios. Había estudiantes y veteranos de la libreta y la tecla.

Te confieso que ha sido como una terapia para todos, porque el oficio de escribir no deja de tener su punto solitario y durante unas horas, hemos formado una pequeña comunidad que reivindicaba aspectos que beneficiaban al cliente y al redactor profesional:

  • Si pagas por un buen vino, ¿por qué no pagar también por un buen texto que te ayude a vender?

 

  • Si crees que un texto de más de 600 palabras merece 1 euro… di que buscas a alguien que trabaje gratis para ti porque eres muy especial, levitas o algo similar.

 

  • Si respetas tu empresa, tienes claro que las palabras, los textos de calidad requieren de investigación, documentación, palabras clave y tiempo, llama a un redactor y escucha su presupuesto sin llevarte las manos a la cabeza.

 

 

Estimado cliente: Quiero escribir para ti como si lo hiciera para mí

 

Con este juego de palabras, intento aclarar que los redactores amamos a nuestros clientes.

De hecho, a mí me gustaría dedicarme al 100% a trabajar para uno, porque aunque mi implicación sea máxima, mi cerebro hay momentos en los que no sabe si está en modo doctor, experta en Recursos Humanos o en profesora online.

El esfuerzo que un redactor realiza ante el texto de un nuevo cliente es enorme porque es un reto

Para empezar, investiga sobre el tema que le piden, después observa y lee lo que hay escrito sobre ese campo en la red, después construye el texto de manera que resulte atractivo y eficaz: atraiga al lector, lo persuada o le invite a suscribirse, por poner un ejemplo.

En definitiva, si queremos ser respetados habrá que comenzar por respetarnos nosotros y no aceptar jamás tarifas que sean un insulto.

Al igual que hay redactores profesionales, hay clientes exigentes que no buscan pagar lo mínimo, prefieren calidad y eficacia a rapidez y un texto en el que nadie se detenga.

 

Y copio con todo descaro y cariño, el último comentario del artículo anterior, precisamente escrito por Diego Murcia:

 

A mí, lo que me da esperanzas es esta tendencia: https://bitextuales.com/encuesta-blogueros/. Los textos especializados, tarde o temprano, terminarán dándonos la razón a quienes vendemos calidad por encima de cantidad sin valor agregado. Al menos eso es lo que espero de corazón.

 

Suscribo sus palabras.

 

Hasta el próximo miércoles.

 

Joana Sánchez G.

 

 

#quieroseredactor II

jerrylewis

Jerry Lewis y la máquina de escribir de Leroy Anderson

 

Aquí comienza la segunda entrega de #quieroseredactor.

¿Consejos, lecciones, 10 pasos para que triunfes como redactor? No. Tan sólo mis experiencias a lo largo de estos años dándole a la tecla.

¿Recuerdas que la semana pasada hablamos de piscinas y de la importancia de fusionarte con el producto sobre el que escribes? Gracias por prestar atención pero como ves, te he puesto un enlace, por si acaso.

 

Si escribes, no mezcles temas por favor

 

Si no trabajas para un cliente, corres el riesgo de acabar viviendo situaciones entre graciosas y surrealistas. La mente de un redactor debe estar igual de ordenada que la casa de Marie Kondo (chiste fácil y malo)

Pero hace unos días, se me juntaron tres proyectos.

mariekondo
La gurú del orden, Marie Kondo

 

En el primero debía escribir sobre las células madre y lo que eso conlleva (documentación, documentación y más documentación) en esa ocasión escribí sobre la disfunción eréctil y lo que las células madre pueden hacer con este problema que afecta a 1 de cada 5 hombres en España.

El siguiente proyecto tenía como título: Ligar por linkedin, la torpeza como habilidad y además tenía pendiente el correo de un alumno del curso Análisis de Operaciones Psicológicas al que debía responder a una duda sobre propaganda política.

 

El orden, no es territorio exclusivo de los seguidores de Kondo

 

Tuve un instante de cruce de células grises a lo Hércules Poirot a cámara lenta. Si la sabia japonesa domina el orden en armarios, cuartos de baño…, como redactora tuve que frenar y tomar aire. No debía teclear nada en esos instantes de ligera confusión.

 

El mayor enemigo de un redactor, además del desorden es el cansancio, puedes acabar escribiendo un fragmento de El Quijote, en un artículo relacionado con lo sano que es la práctica de juegos eróticos con tu pareja

 

Y eso fue lo que hice, no…, lo de los juegos no, lo de  apartar las manos del teclado y ponerlas sobre mis rodillas. Mirar a través de la ventana, relajar la vista y hacer unas respiraciones.

 

No temas parar de escribir aunque tengas varios encargos

 

De hecho, si no lo hiciera dejaría asombrado a algún cliente o, no quiero ni pensarlo, a algún lector de esos lugares donde publico y sí existe un público amplio.

El buen redactor o el redactor sensato, piensa antes de escribir y de publicar. El truco más viejo del mundo es el de leer en voz alta.

Resulta llamativo cómo un párrafo nos puede parecer perfecto mientras lo escribimos y un horror cuando lo leemos.

 

Parar. Respirar. Descansar. Releer dos veces antes de publicar o enviar un texto por correo, es de sentido común pero cuando andamos escasos de sueño, todo vale

 

Y por hoy nada más y nada menos.

He aparcado otra contestación a un alumno al que responderé ipso facto, por escribir este artículo ya que me comprometí.

Seguro que él también lo agradecerá porque ahora he tenido tiempo de relajarme y despejar mi mente mientras os contaba mis cosas.

Recuerda, si escribes descansa de vez en cuando, al igual que cuando conduces.

Hasta el próximo miércoles.

 

Joana Sánchez G.