¿Qué tienen en común un redactor freelance y La maravillosa Señora Maisel?

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Hola,

Lo confieso, detesto a los articulistas que hacen símiles con herramientas de marketing y series. No tengo Netflix ni ninguna plataforma cool. Pero sí estoy pudiendo ver La maravillosa Sra. Maisel.

Hacía tiempo que no me reía a carcajadas, que no me sumergía en una historia creíble a ratos y rocambolesca en otros.

Una mujer, años 50. De ella se espera que se case, tenga hijos y un buen cuerpo. ¿Aspiraciones laborales? ¿Para qué necesita trabajar si ya lo hace el marido? ¡La Señora Maisel lo necesita! Sobre todo cuando el marido perfecto le pone los cuernos, y entre otras cosas trabaja como monologuista por accidente, porque la que tiene gracia es ella.

 

La Señora Maisel es espontánea,  un redactor también debe serlo

 

Si hablamos de un encargo con los límites bien trazados, poco espacio hay para la espontaneidad, pero si en ese artículo estamos hablando de nosotros, qué mejor que escribir como hablamos.

Aquí te dejo una prueba, un artículo breve que subí a Linkedin y que va por las 3.655 visualizaciones. Si lo lees comprobarás que no es gran cosa, pero sí natural y espontáneo. ¿Quiénes son esos ‘mirones’ que observan tu perfil pero nunca dicen nada?

En mi caso mi forma de desahogarme es el humor negro. Cáspita, resulta que sólo debía “subirme” al escenario de las publicaciones y decir lo que a todos les pasa por la mente, de ahí el éxito del texto. ¡Espontaneidad e identificación con el público!

La Señora Maisel, algo bebida y algo trastornada, se sube a un escenario y la gente ríe ante sus ocurrencias que no dejan de ser un drama, pero las palabras, el tono y su carisma la elevan a lo más alto.

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La Señora Maisel gana poco dinero pero aspira a triunfar, un redactor debería pensar igual

 

Aunque proviene de una familia acomodada, se niega tras su separación a vivir de sus padres, pero de monologuista siendo novata y mujer no cobra mucho por lo que acepta todo tipo de trabajos: en un centro comercial pasa por diferentes puestos.

Y por la noche se produce la magia, sube a un escenario aunque algunos sean mugrientos. Lo mismo ocurre con el redactor. Debe trabajar mucho, y no cuenta con el apoyo económico de su rica familia (al menos la que escribe, no) Por lo tanto, viva el pluriempleo e intentar llegar a fin de mes.

¿Lo hermoso? Poder subir a ese “escenario” y ser tú. Escribir lo que te nazca del alma o bien para un cliente que tenga una mentalidad abierta o para ti y demostrar todo lo que puedes ofrecer con tus palabras: la risa, la empatía y la creatividad.

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La Señora Maisel es organizada y siempre va estupenda, un redactor… también

 

Si como en mi caso redactas desde casa, lo de ir estupenda lo dejaremos a un lado. Una buena ducha, vestirse de persona y el pijama bajo la almohada será suficiente. Pero en cuanto a la organización es importante para el redactor. Sobre todo si no quieres pasarte la vida cobrando una miseria por artículo cuando tú sabes que eres bueno.

La confianza es fundamental. Pero como todo en la vida, un exceso sin nada que ofrecer a cambio es absurdo.

Ella tiene buenos monólogos, tú tienes buenas historias y has de organizar tu tiempo para hacerlas llegar a todas partes y eso tiene que ver con redes sociales, con escribir correos o presentarte ante alguien que realmente vea-lea lo que haces. Ahí sí sería buena idea ponerte algo decente.

 

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La Señora Maisel es excéntrica y yo, digo los redactores también pueden serlo

 

Qué aburrido es navegar por internet y encontrar artículos primo hermanos de otros. Qué agobiante resulta leer libros en serie porque ‘es lo que se lleva’.

¿Y si tú eres lo más parecido a una brisa fresca que entra por la ventana? ¿Vas a cerrarte en banda y ser otro clon que huele a rancio?

Ser excéntrico o peculiar no suele gustar a todo el mundo, pero ojo, si logras seducir al público adecuado no te abandonará jamás.

No soy una redactora al uso, pero sé que tú lees mis artículos y eso me hace tener esperanza en esta profesión.

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La Señora Maisel no es clasista y tú como redactor tampoco

 

Sólo hay que echar un vistazo a su representante y a ella. La noche y el día. Y no sólo por el atuendo sino por las vidas tan diferentes que les ha tocado en suerte. ¿Existe algún problema en saber relacionarse con cualquiera, sea cual sea su trabajo, sus ingresos, cómo vista o cómo hable?

No debería, pero no siempre es fácil. Te lo digo yo que vivo en un barrio de la periferia pero a la vez, me he movido por ambientes pijos. En ambos lugares me he sentido cómoda por una razón: ser yo misma. De vuelta con la naturalidad.

Con ser redactor ocurre lo mismo, cuanta más gente conozcas, de todo tipo, con ideas contrarias a las tuyas, que no te den la razón o te hagan la pelota, mucho mejor para ti y para tu forma de escribir.

¿Por qué? Te ayudará a pensar y a reflexionar antes de teclear una idea que creías certera. Ponerse en los zapatos del otro ayuda y mucho a pisar firmemente la tierra.

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La Señora Maisel sonríe y llora, pero el humor es su salvación. La del redactor también

 

Que estés sobre el escenario poniendo a caer de un burro a tu marido y hagas chistes sobre su amante, sobre ser judía, digas tacos y todo ello sea aderezado con lágrimas y risas es una proeza.

Pero así es la vida. Un día tu padre se muere y aunque hayas tenido un año para prepararte sucede y la vida no se detiene y eso es lo que muestra esta serie. Nada de ciencia ficción: la crudeza de nuestras existencias pero con una opción: la de ponerle color a los problemas, aunque sea tirando de humor negro.

Tanto si te subes a un escenario como si escribes, más te vale aliarte con el humor y tomarte a guasa los palos que te van a tocar, la sociedad en la que vives y observar el éxito de los mediocres mientras a ti te duele la espalda y no te llega para pagar algunas facturas.

El humor nos hará libres y quién sabe, quizás nuestros textos reciban algún aplauso como los monólogos de la grandiosa Señora Maisel. Por cierto, doble aplauso para los guionistas.

 

Gracias por leerme.

 

Juana Sánchez González

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