Un día en la vida de un redactor freelance

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Hola,

Hace tiempo que no nos leíamos. ¿Cómo va este mes de julio?. No voy a pronunciar la palabra prohibida entre los autónomos o freelances, vac… ¡No, tranquilo!

Hoy he pensando en dar un paseo por un día cualquiera de un redactor que haya de escribir para varios clientes.

He tenido el impulso de poner el título en Google, el título de este artículo y sólo me aparecía: Un día en la vida de un editor, de Jorge Herralde el fundador de Anagrama. ¿Veis? Todo está inventado.

 

Un redactor amanece que no es poco

 

He querido hacer este horrible juego de palabras, porque si eres redactor freelance, es decir no trabajas sólo para una empresa, sabrás lo que significa tener en tu mente diferentes encargos y que, por mucho que te organices, acabas escribiendo hasta tarde.

Son las 8 h. y ya has desayunado. O bien escuchando la radio o bien mirando por YouTube algún programa de corte humorístico porque te gusta afrontar el día con humor e informado.

Una ducha y ropa cómoda es tu uniforme. De hecho, hay días en los que te arreglas un poco más, para no caer en esa rutina donde parece que vayas en pijama. Lo primero de todo es abrir el correo y ver que tienes más de veinte notas de prensa.

Algunas son surrealistas.

Otras, te generan una medio sonrisa: “Le esperamos hoy a las 12:30 en la calle xxxx número xx, Madrid”, cuando tú vives en la Costa Blanca y ni volando llegarías a tiempo, además que ese cliente para el que escribes no paga una suma tan alta para poder costearte un viaje a la capital ida-vuelta por un artículo.

 

Un buen redactor tiene una botella de agua y apuesta por aplicaciones surrealistas

 

No es broma, el agua es fundamental. Y  hacer descansos. A veces te sumerges demasiado en el artículo que has decidido comenzar y te olvidas de la hora. Existen muchas técnicas y aplicaciones, como la famosa Técnica Pomodoro.

Sé que para muchos este tipo de herramientas pueden parecer un tanto absurdas pero, aunque yo no soy una millennial admito que esta sociedad me ha atrapado con sus prisas y su urgencia, a veces, un tanto desmedida por la entrega de un trabajo o la necesidad de tener una contestación.

La técnica pomodoro no es otra cosa que lo que antes era: ir a una biblioteca y oír música clásica o cualquier otro tipo de sonido que a ti te resultara blanco, es decir, no te incitara a distraerte.

El ruido blanco puede ser un vídeo donde se oiga el murmullo de gente hablando en una cafetería. Lo sé, parece de locos. Sobre todo, cuando has vivido el irte a escribir a una de verdad y te dejabas llevar por el sonido ambiente, pero no siempre podemos desplazarnos.

En cuanto al agua, hidratarse es importante, no descubro nada nuevo. Evitarás dolores de cabeza.

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Me pongo a trabajar y la vida está en mi contra. ¡Quiero escribir!

 

Lo más fácil del mundo es quejarse. Lo más difícil buscar una solución.

Hay clientes, hay amigos, conocidos, amigas de tu madre que  piensan que siempre estás ahí en Whatsapp, por ejemplo para responder a sus gifs llenos de purpurina, o para responder cómo estás.

No son culpables de nada. Los límites los has de poner tú. ¿Estado? TRABAJANDO. Se lo crean o no, porque nadie se cree que se pueda trabajar desde casa, parece una leyenda urbana.

A veces es imposible desconectar el teléfono porque esperamos un mensaje importante. Ahí radica la cuestión: IMPORTANCIA. Si lo es, pon un sonido particular a esa persona para mirar el móvil sólo cuando esa deliciosa melodía suene, no caigas en la tentación de andar mirándolo cada dos por tres como si fuera un tic.

Ahora dale al play si estás tan agobiado porque uno de tus vecinos está de obras, el otro tiene cuatro niños con ganas de jugar y no les lleva a un parque ni por asomo, el perro del vecino nuevo ladra porque le han dejado solo y tú estás a punto de gritar porque ya son las 12:30 y sólo llevas un artículo escrito.

¿Mejor? Me alegro. Ahora dispones de 2 horas más 15 minutos. Entre tú y yo, la técnica pomodoro se vendió hace unos siete años como el mayor descubrimiento tras la llegada del hombre a la luna. En mi caso, ni tengo un reloj en forma de tomate ni paro cada cinco minutos.

Apuesto por el sentido común. Pero si a ti te funciona, genial.

En mi caso, no puedo permitirme el lujo de no abrir la puerta si me están llamando o suena el teléfono y es algo urgente a nivel familiar. Por lo que , un sonido de fondo blanco, fuerza de voluntad, cerrar las ventanas y hacerte con un buen ventilador será más que suficiente.

Y lo más importante: PENSAR QUE SI NO HACES TU TRABAJO, LE ESTÁS FALLANDO A TU CLIENTE.

 

La tarde ha llegado y ni me he enterado

 

Hacer algo de ejercicio es aconsejable, en mi caso, llevo un mes que no hago nada y me siento mal por ello. Pero normalmente tengo una serie de rutinas para practicar yoga o hacer alguna sesión de hiit (gimnasia rápida, sería la traducción) o saltar con la cuerda.

Además de que sea sano para nuestro cuerpo, también nos llenará de nueva energía para ser los redactores más sanotes del lugar. Entre el agua y la gimnasia…

Lo que no hay que temer es a hacer descansos. Risa. Tengo el vídeo puesto, el segundo y acaba de sonar un pitido, el cual indica que debo descansar cinco minutos.

¿Qué tal? ¿Cómo te va la vida? O mejor no, voy a quemar algo de incienso, a ver… de lavanda está bien.

Me levanto de la silla, me estiro, miro por la ventana y ha venido un gorrión a visitarme. Ay, miro de reojo mi libro, quiero escribir. Escribir para mí. Venga, que son cinco minutos.

Como ves, un día en la vida de un redactor no es lo que te acabo de contar, cada persona somos un mundo y tal vez esta aplicación a ti no te sirva o tengas tu propia forma de concentrarte.

Igual tampoco tienes vecinos porque vives en un chalet (ay, qué suerte tienen algunos) por lo que ahora, que son las 18:40 y he adelantado trabajo, no me voy a poner ni a hacer gimnasia ni yoga ni seguiré con el crepitar de esta falsa chimenea en pleno mes de julio, voy a escribir para el libro que os comenté: Diario de una Redactora Peculiar.

Si os apetece me decís cuál es vuestro oasis casero a la hora de escribir, o bien artículos, un libro o cualquier otra cuestión.

 

 

Gracias por leerme.

Juana Sánchez G.

 

Imagen|Pixabay

Imagen|Pixabay

 

3 respuestas a “Un día en la vida de un redactor freelance

    1. ¡Hola Hernán!

      Ayer estuve mirando tus blogs y cuenta de instagram, creo que en tu caso es mucho más interesante escribir jeje, al menos por la cantidad de lugares que has visitado. Te doy la enhorabuena por plasmar tanto en imagen como en texto esos viajes. Soy de las que viaja gracias a personas como tú. Un saludo desde Alicante.

      1. Gracias por tus palabras Juana. En verdad es estimulante escribir sobre viajes y la ciudad donde vivo (Valparaíso). Lo desafiante, eso sí, es hacer de esto un modelo de negocio rentable. Y en eso estamos. Un abrazo. ¡Y a seguir escribiendo! 🙂

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