#quieroseredactor VII

jerrylewis
Jerry Lewis y la máquina de escribir de Leroy Anderson

 

Hola, he desaparecido una semana ¿se ha notado? Dicen que lo bueno se hace esperar, ejem, y tras esta dosis de autoestima, volvemos a la carga.

Seguimos con las aventuras y desventuras de una redactora que intenta ayudarte si has decidido dar el paso de escribir para los demás.

Hoy te espera una historia reciente, contemporánea, tanto que sucedió hace un par de días. Aquí ya os he hablado de la importancia de no aburrir al lector, de utilizar el SEO, las palabras clave, de creatividad y sobre todo, de valorar tu trabajo.

 

Deformación profesional del redactor: capturar fallos en la ortografía ajena

 

Ojo, mucho cuidado con ser grosero. No hay nada más feo que corregir a una persona públicamente y no digamos si se trata de un cliente. Puedes haber leído El Quijote, Cien Años de Soledad, La Biblia, incluso conocer los términos del diccionario que eso no te da derecho a avergonzar a otra persona.

Un redactor debe ser humilde y mejorar cada día, ése es su poder

En algunas profesiones, yo diría que en todas, cuando te aplauden un poco o consigues que un gran número de personas siga tu trabajo puedes caer fácilmente en el síndrome del superhéroe, es decir, pensar que tienes poderes que el resto anhela.

 

 

Que-fue-de-El-gran-heroe-americano
El actor William Katt, caracterizado como El Gran Héroe Americano, un poco patoso

 

Errare humanum est y tú también eres humano

 

Hace unos días los que tenemos un perfil en Facebook tropezamos con un anuncio de un profesional del blog y del emprendimiento online. A mí me llamó la atención desde la primera frase. Pero yo soy una de esas excéntricas que lee todos los textos que se le cruzan. ¿Ves? Acabo de parecer una engreída gafapasta que sabe escribir mejor que tú, bórralo.

Ahora en serio, el anuncio era un cuadro. Y no un cuadro de tu pintor favorito. El fin de ese anuncio, deduzco que era que visitaras una página donde el susodicho experto ofrecía un método para mejorar el posicionamiento y las ventas de tu negocio (algo así)

Para empezar, eligió un nombre que se prestaba al chiste, a la risa.

Voy a inventarme otro para no descubrir de quién se trata. Imaginad a un profesional de la electricidad, y que decidiera contar un cuento a su hijo antes de dormir y pensara en él como protagonista, y al buscar un nombre eligiera: “Electrín” y podéis trasladar este nombre a cualquier profesión: “Dibujín”, “Diseñín”, “Informatiquín”, “Mediquín”, “Redactín” y así hasta el infinito.

Crueldad del lector o falta de conexión con tu público

 

Tras leer el texto que era larguísimo y aburrido hasta dormirse, al niño del señor electricista le hubiera venido bien, eché un vistazo a los comentarios. No había ninguno que fuera elogioso con él.

  • “Me cuentas toda esta historia y al final sólo se trata de venderme un curso”—-alusión clara a que era extenso.
  • “Como recomendación te diría que contrates a un redactor antes de lanzar esto”—alusión a que estaba mal redactado (yo no fui)
  • “¿Cuánto dinero voy a ganar siendo un xxxxx? El curso también es un cursín?”—alusión a lo chistoso del nombre pero con nula conexión con el producto.
  • “Otro coach que intenta destacar en el mucho del coaching, estamos invadidos”— alusión al hartazgo que existe de expertos en todo.

 

Lo injusto de esta historia es que esta persona es un buen profesional, al menos cuando seguí su trabajo en sus inicios, y por lo visto no le va mal, pero está claro que el lenguaje que empleó con esa especie de cuento sólo provocó rechazo y burla entre los lectores.

De ahí la importancia de pensar antes de lanzar un anuncio, un artículo o un libro. Probablemente a él le pareció muy gracioso tanto el nombre del protagonista como el contenido de ese cuento para adultos; ¿se lo mostró a amigos? ¿a su familia? ¿fueron sinceros?

Hoy he comprobado que no deja que se comente en la publicación. Me parece una reacción curiosa pero no entraré a juzgarla. De hecho, juzgar está muy feo. Queridos redactores de bien, si tenéis la infinita suerte de poder mostrar vuestros textos a alguien antes de publicar, hacedlo.

Aceptad críticas, sugerencias, leed en voz alta lo que habéis escrito y si a pesar de todo, como me ha sucedido hoy tras leer un artículo de hace unos años, os equivocáis, no pasa nada, pero la escritura va de la mano de la humildad.

Seamos humildes, que es gratis.

Hasta el próximo día.

 

Joana Sánchez G.

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