#quieroseredactor I

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Jerry Lewis y la máquina de escribir de Leroy Anderson

 

Hace dos días comencé con una introducción sobre esta serie de consejos que os daré a título personal sin pretensión alguna de sentar cátedra. Si te gustan, comparte. Si te resultan útiles, comparte. Si sólo deseas leer, lo comprendo.

Resulta un tanto cansino oír: suscríbete a mi canal, sígueme en todas mis redes sociales, etcétera. ¿Estamos rodeados de clones o estamos realmente viviendo en Blade Runner.?

 

Sin sentido de humor yo no salgo a la calle

 

¿Pero esta serie de artículos no iba de escribir? Sí.

¿De redactores digitales? Sí.

¿Un artículo por semana? Sí. El anterior fue la introducción. Cada miércoles tendrás uno.

Pero no esperes que te dé una clase gratuita como hacen esas almas caritativas que luego te cobran un riñón por  uno de sus cursos, esto va de las memorias de una redactora

Por ejemplo, si un día os dicen que van haceros un contrato (ejem) en una agencia de publicidad, preparaos para escribir sobre cualquier tema. En ese lugar, no importa si es una agencia grande-mediana-pequeña, tú eres Cervantes.

 

Documéntate, mézclate con el producto

 

Tuve que escribir sobre piscinas. Yo no tengo piscina. Conozco la piscina municipal donde en ocasiones he nadado. No sé nada sobre piscinas de lujo, ni sobre los materiales que se emplean para construirlas ni los accesorios que las acompañan para que resulten más atractivas al usuario.

¿Qué hice? Además de hablar con su simpática propietaria, documentarme. Convertirme en una experta en el tema. Observar esos lugares paradisíacos donde instalaban esos rectángulos o redondeles (qué bonita es la palabra redondel) y pensar que yo era una de ellos.

Un miembro más de esa familia ideal que suelen elegir algunos diseñadores, que no se parecen en absoluto ni a tus padres, ni a tus hermanos y mucho menos a tus vecinos

Pero como redactora, tenía que hacer un ejercicio similar al del actor cuando se mete en el papel de un personaje que es ajeno a su forma de pensar. Así logré convertirme en una experta en CLIP-ON SPA.

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Os aseguro que no soy la de la foto

 

 

Convierte el producto en el centro del universo

 

Asistí a reuniones largas donde el amor y la pasión que sentía el cliente hacia sus piscinas caló en mi interior. Toqué diferentes baldosas, sentí distintas texturas y observé infinidad de colores que ni sabía que existían.

Pregunté y oí  curiosidades acerca de las peticiones más peculiares y cogí ideas. Un redactor tiene que tener buen oído además de un buen fondo de vocabulario.

Con humildad, pero creyendo que iba a comprar una de esas fantásticas piscinas, escribí sobre ellas:

  • Fiestas en la piscina en fin de año.
  • Cómo decorar tu piscina para una ocasión especial.
  • Cómo mantener tu piscina durante el invierno.
  • Ferias sobre piscinas a nivel internacional.

 

Esos artículos fueron escritos con mucho cariño hacia el producto y la marca, ahora sé que esas palabras se perderán como lágrimas bajo la lluvia.

O tal vez no, y un lector con sensibilidad además de amor por el cloro, se dará cuenta de que en algunos textos hay una redactora detrás, que eligió cada palabra con mimo.

 

Joana Sánchez G.

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