Cuando mi padre se convirtió en mi hijo

Si bien escribo para otros de manera habitual hoy escribo para mi padre, si te apetece quédate. Esta es su historia y la de muchos cuidadores.

MIS 33 Y PAPA
Antonio Sánchez Manda, mi padre.

Llevo días intentando escribir sobre mi padre. Os diré su nombre, se llamaba Antonio Sánchez Manda y con 74 años nos dijo adiós el 22 de junio a las 23 h.

Mi padre era de esa generación que emigró a Alemania sin dos carreras y un master, pero lo hizo porque era un trabajador nato desde adolescente y para que a su familia no le faltara de nada.

Encofrador de profesión, muchos lugares de Alicante y su provincia están hechos con las manos de mi padre y su cuadrilla, entre ellos la Universidad de Alicante, donde me gradué. Su afición era “torturar” a sus hijos llevándonos a esos lugares. Él para vivir escogió un barrio de la periferia de Alicante, un tercero sin ascensor. Éramos niños sanos con tanto subir escaleras.

A mi padre le gustaba leer el Diario Información o La Verdad, ver las noticias en la televisión, escuchar al hombre del tiempo y oír a Antonio Molina. También era un gran seguidor de Miguel Gila.

JUBILACIÓN, ¿JÚBILO?

Cuando cumplió los 65 años se dedicó a disfrutar de su jubilación a su manera: es decir, haciendo cosas sencillas sin querer viajar fuera de Alicante 🙂 lo cual hacía mucha ilusión a mi madre. Pero ella es parecida a mí, con pequeñas cosas somos felices.

Mi padre caminó más que Forrest Gump. Desde niño tuvo problemas en los pies y en las piernas, por lo que sus caminatas eran gloriosas para ‘ponerlas en marcha’ tal y como él decía.

Todo lo que tenía planeado hacer en cuanto se jubilara no lo cumplió: quería ir a la universidad, por ejemplo o escribir un libro sobre su vida, en realidad la encargada sería su hija pero no hubo tiempo.

Al menos lo veíamos feliz bajando al barrio de Carolinas a comprar el periódico y charlar con sus amigos, mientras saboreaba un murcianito con su mujer en la confitería “La Murciana”.

Otro de sus placeres eran los cumpleaños. Sabíamos que le encantaban las tartas y desde niña recuerdo cómo se celebraban esos días tanto para mi madre, para él y mi hermano. Tenemos muchas fotos de él sonriendo mientras sopla las velas, de niño nunca celebró su aniversario, por lo que este diciembre de 2016 tuvo tarta y tuvo su regalo como debe ser. Como siempre, Esther fue la encargada de plasmar ese momento.

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Mi madre, Carmen González Morata y mi padre en uno de los pocos viajes a los que fueron.

CAMBIOS

A mi padre le empezó a cambiar el carácter allá por 2008 y ese hombre alegre, pletórico porque su hija se iba a Madrid para estudiar/trabajar con Campo Vidal, dejó paso a un hombre con miedos irracionales que en aquel momento no comprendíamos.

Su comportamiento era extraño. Preparaba viajes al pueblo y al día siguiente se echaba atrás.

En 2013 sus pasos se hicieron más cortos y la médica de cabecera se percató de ello, así que tras una operación (la primera en su vida) supimos que algo le sucedía.  Y pronto tuvo un nombre: PARKINSONISMO. Y tras ese diagnóstico, que no nos quisimos creer, vinieron pruebas y más palabras: CUERPOS DE LEWY.

 

PASEOS Y ALMUERZOS

No sé ni cómo mi padre pasó de caminar durante dos horas a bajar en autobús al barrio de al lado, y poco a poco sus salidas se fueron espaciando. Nuestra Explanada era un camino que hay justo enfrente de nuestras ventanas. Desde ahí dimos muchos paseos y me señalaba las montañas como si fuera un alicantino más.

Se me hace difícil recordarlo ahora como era siempre. Porque a partir de 2015 mi padre dejó de ser mi padre para convertirse en un hijo tanto para mi madre como para mí.

Recuerdo que mi cuñada y amiga Esther encontró unos ejercicios para enfermos de Alzheimer, al principio yo escondía la portada y simplemente todos los sábados hacíamos ejercicios. De memoria, redacciones, cultura general y dibujos.

Abrí una página con sus obras de arte. Le daba vergüenza pero a la vez, se asomaba al portátil para echar un vistazo: Antonio Sánchez Manda, emprendedor.

Sus rutinas cambiaron pero él no dejó jamás de escribir y de memorizar todo lo que hiciera falta. Como en una película de Berlanga, mi padre iba en el autobús leyendo:

“Me llamo Antonio Sánchez Manda, nací el 27 de diciembre de 1942, en Bullas. Vivo en Alicante. Mi mujer se llama Carmen y mis hijos Francisco y Juana. Estoy jubilado pero he sido encofrador”

Luego, con disimulo me pasaba la hoja y allí no había pasado nada. Parecía que con la medicación, su trabajo y el ambiente estimulante en casa todo iba mejor. Me gustaba almorzar con él. De pie en la cocina tomaba una fruta o nueces y hablábamos de cualquier cosa.

 

PacoyEsther.
Mi hermano Paco y Esther en uno de nuestros cumpleaños sencillos.

TEMBLORES Y ALUCINACIONES

La primera vez que tuvo temblores fuertes mi madre me llamó asustada, me limité a frotar sus brazos y piernas y a tranquilizarlo. No tenía ni idea de lo que hacía. Oficialmente las dos éramos cuidadoras sin habernos licenciado en medicina.

Luego aparecieron las alucinaciones y a mí me parecía que esa medicación era horrible porque eso le hacía pasar un mal trago y a nosotros también.

Pero tuvo mucha suerte. Su familia por parte de mi madre vino en muchas ocasiones desde Mula a hacerle visitas. Mi padre siempre fue peculiar, le gustaban las sobremesas tranquilas, pero le hacía muy feliz ver la casa llena de gente: sus sobrinos, su cuñada, los hijos de mis primos, mi hermano, su mujer y yo.

Los amigos de toda la vida, tanto por su parte como por la mía, le visitaron. Vieron su faceta de dibujante, y fueron muy cariñosos con él.

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Valoro mucho a cada una de esas personas que aparcaron durante unos instantes sus vidas para pasar un rato o unos días con nosotros. GRACIAS.

YO TE CUIDO

Y como en un tobogán, mi padre se deslizó junto a unos síntomas que reflejaban que su estado no iba a mejor. Y con él su familia. El día a día era duro. Cada vez le costaba más bajar las escaleras, las alucinaciones eran más frecuentes, y la impotencia en nosotros más.

Cada vez que necesitaba levantarse ahí estaban nuestros brazos para ayudar. ¿Un paseo? Ahí estaban nuestras manos para que se sintiera seguro. Mi hermano se encargaba de recordarle aquellos momentos en los que trabajaron juntos. Hablar de su trabajo era su pasión y mi hermano era su memoria en ese terreno.

¿Su ánimo flaqueaba? Un poco de música, unos chistes e incluso una partida de cartas. Detesto ese juego pero por él lo que fuera y me ganó en todas las ocasiones hasta que pudo jugar a la ‘brisca’.

Mientras mis amigas tenían niños y me llenaban WhatsApp con sus fotografías, yo cuidaba de mi padre. Ese señor que ya necesitaba que le echaran una mano para darse una ducha. Ahora puede parecer un tanto surrealista pero hacía mil cosas a lo largo del día:

  1. Escribir artículos.
  2. Charlar con él.
  3. Salir algún sábado con los amigos.
  4. Caer en una depresión y tener que mandarla a la porra.
  5. Animar a mi madre.
  6. Llorar a escondidas.
  7. Cansarme de la situación y de la enfermedad.
  8. Reírme de mi ruptura amorosa.
  9. Desarrollar una paciencia que ni yo sabía que tenía y desarrollar una fortaleza mental y ganas de vivir inmensas.
  10. Echar de mi vida a personas porque he podido comprobar que ni son ni han sido conscientes de la situación tan crítica que estaba atravesando y la vida no es YO, sino NOSOTROS. Carecer de empatía y EXIGIR no es propio de un buen amigo. Por eso, los cuatro, cinco o seis que tengo valen su peso en oro y les querré toda mi vida.

LA MALDITA LUNA DE MIEL

El otro día me lo comentaba mi madre: “Su enfermedad también es conocida como Luna de Miel”. ¿El motivo? Durante un período de años el paciente se encuentra bien y con la medicación puede hacer una vida normal.

En el caso de mi padre tenía pequeñas lunas de miel. Porque los Cuerpos de Lewy son una demencia y la medicación no surtía efecto, pero había días mágicos en los que se levantaba solo e iba al baño o a su cuarto a mirar en su cajón sus cosas y mi madre y yo nos quedábamos con la boca abierta.

O venía mi hermano y mientras le afeitaba podía hablar manteniendo una conversación lúcida.

Eso era lo mejor y lo peor, sobre todo cuando preguntaba por ciertas personas que sólo acudieron el día del funeral.

El cuidador establece una relación estrecha y a veces, dependiente. Echo de menos salir y verlo en su sofá, pero luego pienso en que la mayor parte del tiempo estaba dormido y a última hora en la cama, así que…

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Mi padre y mi madre el día de la boda de mi hermano y Esther. (2013)

 

 

NO ME DEJES SOLO Y NO ME TIRES

Estas dos frases eran sus mantras. Detestaba que mi madre fuera a comprar. La pobre además de lesionarse un brazo iba a una velocidad de vértigo para que él no lo pasara mal a sabiendas de que estaba con mi hermano o conmigo.

Los paseos por la pequeña Explanada dieron lugar a los paseos por el pasillo de la escalera y a su mayor reto: bajar los 26 peldaños que nos separaban de nuestra portería.

Primero se negaba pero luego, a base de paciencia y de insistir daba el primer paso y un día, de esos de luna de miel quiso andar y andar, pero yo no podía sola con él. Le hice fotos, grabé vídeos que le envié a mi hermano y pensábamos que eso era lo máximo.

Pequeños milagros. Pequeñas trampas de la enfermedad. Pero entonces regresaban sus gestos, su forma de mirar, sus bonitos ojos que me miraban con complicidad, sus bromas absurdas y sus chistes malos.

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Mi hermano Paco y mi padre en un cumpleaños, no podía ser de otra manera 🙂

365 días fugaces

En un año y pico el cambio fue brutal. Las conversaciones eran pocas, los llantos muchos, las pesadillas, el insomnio instalado en esa casa, la irritabilidad y el amor. Todo junto.

En mi caso me aferraba a mis amigos. Que nunca han dejado de llamar, de visitarme de secuestrarme para ir dos veces a la playa en todo el verano, de sacarme sonrisas, de obligarme a vivir un poco mi vida. Pero siempre pasando por la casilla de ver a mi padre.

Esos gestos y a esos amigos no les voy a fallar nunca, bueno nunca digas nunca jamás, pero intentaré estar a la altura. Miguel Ángel, Pablo, Elisabet, Mabel y Esther, mi cuñada, mi amiga y mi confidente. Una de las personas más fuertes que conozco, discretas y sobre todo: luchadoras. Con ella, y gracias al humor negro he pasado momentos agradables en un contexto complicado.

Y mi hermano. Los hermanos son piezas clave en nuestras vidas. Mi padre estaría orgulloso de ver nuestra relación. Nos hablamos a diario. Él está superando su propia batalla de la que saldrá victorioso y ha sostenido entre sus brazos a su padre muchas veces. Cuando lo vio en el hospital, él que es más callado dijo: “Me da rabia no poder afeitarle”.

LA LEY DE DEPENDENCIA

En nuestro caso no hemos recibido ningún tipo de ayuda económica. En estos últimos meses contratamos a un auxiliar de enfermería porque a mí se me había caído dos veces y mi madre tiene el brazo derecho destrozado de levantarlo.

Nuestro ángel, es un chico de 35 años con una historia de película, pero como casi todos los héroes que conozco prefieren vivir en el anonimato. Junto a  él está Cristina, que pertenece a una asociación de Parkinson como fisioterapeuta. Las primeras veces, mi padre la saludaba y todo era más o menos normal, a última hora sólo se quejaba.

Tanto a uno como a otra les observaba para poder aplicar lo que hacían el resto del tiempo a mi manera.

Mi padre cotizó 40 años a la Seguridad Social y no ha de darle las gracias al Estado por ninguna ayuda. Pero no le faltó de nada. Sobre todo AMOR, del auténtico.

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NOS VAMOS AL HOSPITAL

Como una premonición, mi familia de Mula acude a visitarnos y ven a mi padre ya en cama. Sin reaccionar, aunque sí abre los ojos al oír a mi prima María Ángeles. Le damos de comer en la cama y me acurruco a su lado para cantarle, poner su música y observar su poder porque las lágrimas se le saltaban.

Un día, me dijo que íbamos a tomar un helado en Carolinas (nunca me he tomado un helado con mi padre allí) pero me pareció una idea excelente aunque sabía que él ya no iba a salir más a la calle.

Y me equivoqué, lo hizo un jueves de madrugada tras llamar al 112 y mi madre se fue con él. De esos días tan recientes sólo recuerdo una cosa: una sensación de fortaleza y de ganas de estar a su lado infinitas.

Desde hacía tiempo ya no sabía lo que era dormir de un tirón, y mi madre menos pero no sé ni cómo pero tanto ella, como mi hermano y mi cuñada Esther hicimos viajes de San Juan a Alicante todos los días. Mi madre no salió del hospital ni de la habitación. Sólo lo hizo para acudir al reumatólogo porque su brazo se movía y se mueve solo y estábamos preocupados.

En plenas Hogueras, en plenas fiestas, con las calles cortadas, mi madre apuraba el paso para volver cuanto antes a su lado. Y ya nos habían comunicado que mi padre no iba a vivir muchos días más…

 

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La noche del Roscón es para creer en la magia y comportarnos como críos.

MUJERES FUERTES

Dicen que aunque una persona no esté consciente puede oír. Mi padre oyó las conversaciones de mi tía Fulgencia y de mi madre esos días. Una tía que se comportó como una madre para mí y que pasó noches con ellos en una habitación de hospital para que yo pudiera descansar.

Porque mi madre había tenido que dejar de cuidarlo al menos en la parte física y por eso se afanaba en cuidar su alimentación, que llevara la mejor ropa, que tuviera todo acondicionado a su mayor comodidad porque ella creía que esa Luna de Miel regresaría.

Otra mujer valiente y fuerte es Esther, ya os he hablado de ella. Perdió a su madre pero no sólo ha estado en mi familia en los momentos buenos sino que en los malos ha dado el do de pecho más y mejor que otras personas cercanas a mi padre.

Mi tía, mi cuñada, mi madre… sólo he visto a mujeres fuertes que en una situación dolorosa y agotadora jamás han tirado la toalla. Conozco a hombres que han sido cuidadores y tengo a uno muy cerca, pero eso de que las mujeres están hechas de otra pasta es cierto.

ADIÓS PAPÁ

Y de manera dulce pero clara como el agua la médica abrazó a mi padre y nos dijo: “No resistirá mucho más”. Y allí en el hospital donde pasamos alguna noche recorriendo los pasillos para entrar en calor, esa noche estábamos mi madre y yo. Por la mañana le dije TE QUIERO quince veces al oído. Luego le di un masaje y le recordé que me debía un helado.

Mi madre era un alma en pena. Mi hermano también y mi tía descansaba en casa porque ya había vivido con mi tío esta situación, pero mujer dura y guapa se afanó en convertir mi casa en un lugar agradable.

Ese día medio comí en la habitación sentada a los pies de su cama. Sus compañeros de trabajo habían venido dos días antes, y se habían despedido de él tal que así:

– Hasta pronto, capitán.

Amigos de toda la vida, amigos con los que compartimos playa y momentos bonitos fueron pasando para despedirse de él no una vez sino varias. Y sus sobrinos de Mula, y su pequeña familia de cuatro.

Un día cuando volvíamos de un paseo yo tarareé esta canción:

Mi madre siempre ha sido seguidora de Mocedades y El Consorcio, y él me la cantó. Luego bailamos el resto que fueron apareciendo en el CD. Daba igual si las conocía o no. Era como sostener a un niño, y esta canción junto al gran maestro Gila fue lo último que escuchó mi padre.

Un hombre al que no le gustó nunca llamar la atención, ni ser jefe, ni encargado (por más que se lo propusieran) que no quiso cambiar de piso cuando podía y luego, se acomodó a la incomodidad. Un hombre que era tímido pero fuerte en sus convicciones, siempre denunció las injusticias en el terreno laboral y sacó pecho por sus compañeros.

Un buen hombre. Un currante. Al que le gustaba leer. Ser poco sociable y como un niño cuando recibía un regalo.

Y así, cuando llegó la noche, y ninguna nos dormimos él se durmió para siempre. Eran casi las once de la noche, en plenas Hogueras, mi madre y yo recogimos nuestra ropa y la metimos en nuestras bolsas de viaje.

El agotamiento se mezclaba con la tensión y la tristeza y comenzó la parte más surrealista: llamar al seguro, hablar con los del tanatorio y con mi capa de Wonder Woman, sin llamar a nadie, y tras despedirme de mi padre, arreglamos algún papel y cogimos un taxi para volver a casa y darle la noticia a mi tía.

A 4 de julio, quiero homenajear a Antonio Sánchez Manda por ser un buen tipo, por tener defectos y querer corregirlos, por elegir a mi madre porque tuvo mucha suerte, ella le ofreció no sólo su amor sino una vida que no había conocido.

Dar las gracias a quienes nos han apoyado en estos últimos meses, y sobre todo a los que han estado a nuestro lado en la carrera de fondo, es decir, desde 2013-2014: amigos, vecinos y toda nuestra familia de Mula.

Lo volvería a hacer todo una vez más.

Gracias papá por haberme convertido en una mujer más fuerte, paciente y realista.

Joana Sánchez González

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11 thoughts on “Cuando mi padre se convirtió en mi hijo

  1. Te acompaño el sentimiento.
    Contaste de la mejor manera su historia. A tu papá seguro que le habría encantado.
    Me hiciste recordar algunas cosas.
    Un abrazo para toda tu familia y para aquellas personas que os han hecho sobrellevar esos momentos.
    Te envío a ti un abrazo especial por dar importancia a lo realmente importante.
    Mucho ánimo.

    1. Gracias Alfonso. Merecía más pero salió a borbotones este texto. Le dediqué varios artículos y le gustaba que se los enseñara, pero éste… ojalá no lo hubiera tenido que escribir.

      Es fácil ser buena persona, y no lo digo porque él fuera perfecto (eso no existe) lo digo por todo lo aprendido en estos años.

      Era conciliador y no voy a olvidar cuando me veía pasar delante suya seria y me preguntaba: ¿Qué te pasa? 🙂 y me ponía de rodillas para decirle que era el único que sabía que algo me pasaba.

      Me quiso de verdad. No creo que nadie me haya querido como él.

      Un abrazo y vamos a intentar ser buena gente que es gratis.

  2. Hola, Joana
    Que todas esas anécdotas ten preciosas queden en tu corazón para siempre y Dios te bendiga por tener la valentía de contar tu historia al mundo.
    Todos los padres nos convertimos en hijos en algún momento de la vida. Mis hijos lo aprendieron el año pasado mientras su abuela (mi mamá) estuvo aquí y enfermó. Gracias a Dios ella está bien ahora y en Venezuela, pero mientras estuvo aquí, fue mi hija.
    Y le doy gracias al Cielo por haber tenido la oportunidad de cuidarla.
    Desde su viaje, mis hijos se dieron cuenta de que lo mismo me pasaría a mí algún día y lo entendieron así, aún cuando hoy no entienden todavía el “por qué” me voy a convertir en su hijo.
    Que tengas un excelente fin de semana. El tiempo cura todos los dolores.
    Guarda todo lo vivido como un tesoro 😀

    1. Hola Joel,

      Recuerdo que me contaste la visita de tu madre. Y me diste ánimos. Muchas personas me han dado ánimos sin saber ni profundizar en lo que estábamos viviendo. La enfermedad de mi padre era degenerativa y no había espacio para la esperanza.

      Pero no soy una persona morbosa ni a la que le guste la queja. Quien quiso saber de él o de nosotros sólo tenía que ESCUCHAR, VER más allá de unas respuestas vacías, y tú lo comprobaste. Me alegro mucho de que tu madre se recuperara y de que sus nietos vieran cómo su padre la cuidó. Lo bonito y lo duro de esta vida no se les ha de esconder a los niños, al menos si queremos que sean niños sanos y con empatía. Que aprendan que no son el centro del universo y que la fragilidad existe es importante.

      Eres un buen padre.

      Sí, me quedo con los recuerdos bonitos y también con los malos 🙂 pero hace tiempo que los menos buenos quedaron en el olvido.

      Ayer le eché mucho de menos. Fue como si despertara de un sueño dulce en el que sentía que todavía estaba aquí. Pero, cuando pasó el mal rato, miré a mi madre y a mi hermano y sentí paz. Al fin y al cabo, mi conciencia está tranquila y sé que su energía me va a acompañar siempre.

      Eres una gran persona Joel.

      Gracias por estar ahí.

      Que pases un bonito fin de semana.

  3. Hola Joana, bajo ese extraño nombre de Viuda de Gómez Honrubia que es un homenaje a Faemino y Cansado, se oculta Germán Arias del Hoyo. Nos tecleamos con frecuencia en Pymes y Autónomos. Ya sabes quién soy, el que te cuenta sus “casos verídicos”.
    En este momento, te podría contar, también, un caso verídico, realmente dos casos verídicos, perdí a mis padres en un breve espacio de tiempo. Pero me parece de mal gusto, como cuando le dices a alguien que te duele la cabeza y te cuenta que a él le duele más. Pues eso.
    Sin embargo te voy a contar lo que te va a pasar a partir de ahora. En estos momentos, los recuerdos son dolorosos, cuando hayas escrito las bellas líneas de este artículo, tus ojos se habrán humedecido hasta dejarte sin poder ver el teclado, un inmenso dolor te atenaza el pecho. Ves cómo tu mundo se ha hecho más oscuro y lúgubre, más triste, mientras que a tu alrededor todo sigue igual. Pero todo pasa, ese dolor se va a ir convirtiendo en molestia. Los recuerdos se tornarán de puñaladas en el pecho a aire frío que recorre tu cuerpo. Empezarás a ver que tu mundo no es tan negro, que empieza a ser sólo gris.
    Lleva tiempo, no te voy a decir que sea un proceso, ni sencillo ni corto. Te has de apoyar en tu familia, en tus amigos, en tu trabajo, en tus aficiones y verás cómo un día sí que ha cambiado algo, sustancialmente.
    Ese día los recuerdos no son dolorosos, son entrañables, el dolor pasa a ser una nostalgia, el mundo empieza a tener colores (¿Has visto Pleasantville? pues algo parecido). Ese día la falta que puedes notar hoy, se convierte en la presencia, pero en otro sitio. Ese día esta experiencia, pasará a formar parte de tus recuerdos, y a forjar tu personalidad. A mí me pasó así, por lo menos. Y deseo que tú lo sientas igual.
    ¿Sabes una cosa? En algunos comentarios que te he hecho a lo largo de estos últimos tiempos has dicho que te he hecho reír. Si he sido capaz de hacerlo estando las cosas como estaban, me considero el tío más feliz del mundo en este momento.
    Un cálido abrazo Joana, de este lector que te aprecia.

    1. Hola Germán,

      Tu extraño nombre ya me sacó la primera sonrisa porque también me gustan Faemino y Cansado. Lo has vuelto a conseguir y esta vez sólo con cuatro palabras. Creo que lo que me has dicho es lo más bonito y cercano a cómo me siento y me sentiré. No he visto Pleasantville pero recuerdo cuando la anunciaban, qué extraño. El caso es que la veré. No lloré ni una lágrima al escribir. Pero al día siguiente ni sé cómo ni porqué no pude parar.

      Es normal. Mi padre no se ha ido de un día para otro. Hemos visto cómo se iba apagando y es un dolor diferente a una pérdida repentina. Ni más doloroso ni menos. Muchas personas han pasado por esto. Te escribo con él mirándome desde una foto en la que sonríe. Lleva puesto su traje de faena y me da mucha paz y alegría mirarle.

      Me gusta el cine, he sido muy “peliculera” en cuanto a vivir la vida de un modo más colorido para que las cosas no me hicieran tanto daño. Ahora también lo hago. Por ejemplo, ayer cuando fui con mi madre a dar de baja a mi padre en una cuenta, al salir ¡en pleno julio y en Alicante! nos cayó una tromba de agua, lejos de hacer caso a mi madre y volver a casa, le dije que naranjas de la China, que ése era un detalle de mi padre para que no pasáramos calor y anduvimos durante quince minutos cayendo con ganas y yo tan feliz.

      Eres un tipo estupendo. No imaginas cómo me has ayudado, tú y algún alumno de esos que preguntan de todo y por todo, que me hacían mirar el móvil y como una zombi ponerme a trabajar hubiera dormido o me sintiera con ganas o sin ellas.

      Tus anécdotas laborales contadas con tanto ingenio enriquecen los artículos. Eres una buena persona y te agradezco MUCHO que te hayas acordado de mí.

      Y lo que me faltaba: un fan de Faemino y Cansado sólo puede traer cosas buenas a mi vida.

      Un abrazo y nos leemos pronto.

  4. Gracias a todos los que me habéis dado el pésame por aquí, por Facebook, por teléfono, con la mirada, con un abrazo y un beso. Ha pasado un mes pero siento que es mentira. En mi despacho casero me mira con su traje de faena en una fotografía, está sonriendo.

    Fue buena persona, abrió su casa a muchas personas hace años y hace poco. Gracias a los que se les puede llamar AMIGOS porque han estado a su lado y al mío en los momentos grises y en los rojos, rosas o azules.

    Hoy me han vuelto a dar la mano para mostrar su respeto por tu pérdida. Y no me he emocionado. Yo sólo rompo a llorar frente a quien sé que te quiso o frente a algún desconocido como el otro día cuando le puse una pila a tu reloj que ahora llevo.

    Soy mejor persona gracias a ser tu cuidadora, tu ‘madre’, tu amiga y tu hija a la que le decías: “Qué guapa eres” aunque tuviera ojeras. Perdona por no saber que estabas enfermo allá por 2013.

    No debemos perder nuestro tiempo o energía con enfados absurdos. Ya no lo hago papá y ha sido gracias a ti. Ya lo sabía pero durante estos años practiqué el arte de disfrutar con instantes y dejar que sean otros quienes pierdan sus vidas apostando por la queja, la rabia o los enfados absurdos. La vida es un suspiro, la vida es maravillosa.

    TE QUIERO y voy a pelear todavía más por lograr mis metas y mientras tanto a querer mucho a mi gente.

    Hasta luego, guapo.

  5. Querida amiga
    Eres un ser humano excepcional
    Hace cinco años mis padres murieron…hoy es el aniversario del de mama..verla perder la cabeza me destrozó..ocho meses después..falleció papa..dormí a su lado cada noche..lo amaba y aún lo.hago
    cuidarlo fué lo mas hermoso que he echo en toda mi vida..incluso creo que mi misión en esta vida fue ayudarlo a.morir.. Yo siguo triturada por dentro..como si tuviese un grifo roto que nadie puede arreglar lloro cada día..también hace seis años murio una hermana muy querida por mi.Rosa… dicen que el tiempo todo lo cura… No es cierto.. El tiempo se convierte en locura eso si es mas cierto..la orfandad te mata . La soledad te hunde.. No hay salida.. La vida sin.ellos no tiene gracia ninguna..
    .me.dijeron.. Es ley de vida…y yo me.enfade mucho con la ley y con la vida . Haz ahora tu.vida… Me dicen Pero mi vida eran ellos… Y Yo ya no tengo vida..a veces ni siquiera corazón..
    Hay unos orientales que arreglan jarrones rotos con oro derritido y crean nuevos jarrones con sus cicatrices doradas..
    Quizàs un dia vaya a japon

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