La dulzura de Internet y los mensajes

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Hoy no te voy a hablar de ningún caso relacionado con la publicidad o el marketing, al menos no desde la perspectiva habitual: la escritura.

Leí mucho sobre  los influencers estos días, influencers con nombre y apellido. Aida Domenech, para ser exactos y he pensado en reflexionar sobre este fenómeno.

Ahora es más fácil acceder a información valiosa gracias a Internet. El problema está en seleccionar entre tanto mensaje. Y las marcas lo saben y tú como redactor también.

Generación ¿?

Estoy atenta a lo que me rodea porque creo que uno es de la época en la que vive. Y debemos adaptarnos como un guante a Instagram, Facebook o lo que se tercie si nos resulta útil y sin complejos.

Nadar entre tantos estímulos, para una persona a la que le entusiasma aprender es un reto. A veces, dan ganas de desconectar y volver al libro, al papel y al bolígrafo, a pensar que algún medio de comunicación se fijará en tu trabajo porque ¿Nos hemos vuelto exhibicionistas? ¿Superficiales? ¿Entendemos al 100% el lenguaje que se habla en Internet?

Sí. Y nuestra misión como redactores es descifrarlo.

En el fondo la vida es sencilla, si abres una puerta y no te gusta lo que ves, simplemente la cierras. Nadie nos obliga a compartir con el resto de la Humanidad qué comemos, o lo felices que somos junto a nuestra pareja.

Ni a pensar que podemos ser un influencer e imagen de todas las marcas del planeta. Y sobre todo, nadie nos obliga a seguir las vidas de personas anónimas que no nos aportan nada estimulante.

Risto Mejide/Dulceida

Risto Mejide entrevistó a una youtuber, Dulceida. Hoy leí a chicos y chicas que se sentían indignados porque ella fuera presentada como un referente de su generación. “No estudia”, “No lee periódicos”… comentarios de este tipo llenaban Twitter.

La red social que no deja de ser un rincón donde desahogarnos, criticar, reflexionar, apoyar buenas causas… El caos, la vida.

No me atrae lo que hace esta chica, y no me voy a suscribir a su canal pero década tras década los publicistas y los periodistas se han empeñado en etiquetar a un grupo de personas, qué osados.

Mezclar gustos, comportamientos e ideas diversas en el mismo saco. Ni todos los chicos quieren ser Dulceida  una influencer de moda con un millón de seguidores, pero no podemos negar su existencia.

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Se puede elegir

Y elijo no juzgar. Ni etiquetar. Ni las redes sociales son el diablo. Ni YouTube la única alternativa para ganar dinero. Quizás sí es el mejor escaparate para las marcas.

Antes de ser popular por tener un canal en YouTube, lo fue ser famosa por conocer al conocido de alguien que vio pasar por su lado un día, en el supermercado a un actor. Y no todos optamos por inventarnos historias surrealistas e ir a los platós de televisión. 

Por otro lado, gracias a Internet, escribo y me leen en diversos lugares. Puedo impartir cursos en cualquier punto del planeta, alguien puede fijarse en una fotografía y ofrecerme un proyecto interesante.

Gracias a YouTube aprendo. Desde cómo aplicar una sombra de ojos (soy una patosa) hasta de una conferencia de la escritora india Arundhati Roy, que acaba de escribir un libro junto a John Cusack. Libro que he pedido por Amazon.

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Que paren, que me bajo un ratito

Pero no para poner a parir esta sociedad. La rabia, la indignación es la vía fácil. Al igual que la demagogia.

¿Soy más espabilada porque jugué en la calle? ¿Soy un ser superior porque he leído mucho? (y lo que me queda)  ¿Mi generación era más respetuosa con los mayores y los políticos unos santos? No. Ni antes ni ahora. Estoy de acuerdo con ella en una reflexión: “No por estudiar se es más inteligente”. Doy fe.

Lo único que importa al final, es apostar por volver al instinto animal como dice Coque Malla, como le ruega a ese Santo, santo. Si NO somos capaces de apartar lo mediocre, lo que no nos hace crecer, de lo cuqui, sólo estaremos demostrando que no somos tan listos como creemos. Ni la ‘Generación X’ ni la ‘JASP’ ni la ‘NiNi’.

Así que elijo volver a subir a este mundo. Sin rendirme. Siendo consciente de mis límites y también de que las fronteras las pongo yo.

Etoy convencida de que muchos jóvenes también. No hay más que ver las noticias que protagonizan, por ejemplo, estos inventores de 19, 23 años…

Todos disponemos de las mismas herramientas, ahora sólo falta saber gestionar el talento y la información. ¿En cuanto a los referentes? A mí me gustaban los Beatles y no soy de los sesenta 🙂

Os regalo esta canción de Coque Malla.

Joana Sánchez González

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