Quiero hablar en público: ¿de verdad?

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Hace dos años me fui a Madrid. Allí realicé un curso con Manuel Campo Vidal. Tras mi paso por el ICE logré un título: “Técnico Formador en Habilidades Comunicativas”. No me lo regalaron, ni a mis compañeros,  mientras que sí nos hicieron trabajar duro, quizás menos tiempo de lo que yo hubiera deseado, pero las clases eran intensas. Buen profesorado, buen ambiente y sobre todo: práctico.

Si quieres enseñar a hablar en público con eficacia, debes tener clara una cosa: tú has de pasar por ello, has de ser juzgado, asesorado y sentirte expuesta ante las miradas de los demás. Si no te has puesto frente a una cámara, te han grabado y luego han analizado contigo tus puntos fuertes y tus oportunidades de mejora ¿Cómo vas a asesorar a otros?

Venía de hacer un curso de varios meses de formación ocupacional. También allí aprendí la teoría y la práctica.  Impartíamos clases y más clases todas las semanas. Hoy día me tropiezo con muchos cursos en Internet donde algunos EXPERTOS, te prometen que   hablarás bien delante de un grupo de personas en unas semanas. Yo creo que éste, es un viaje en el que como equipaje has de llevar unas técnicas comunicativas para enseñar, empatía, y mucha humildad. Al menos es mi forma de entender la docencia.

Parece que en el contexto actual no encontramos modelos a seguir. Nuestros políticos han bajado el listón en cuanto a oratoria y sobre todo: trasladan mal sus mensajes. No les entendemos. No utilizan un lenguaje claro.

Probablemente esa sea su intención. Hablar en público, porque seamos comerciales, profesores, debamos defender nuestra tesis o sencillamente queramos mejorar, es una labor amena pero conlleva un fin: que nos entiendan los demás, que les sea de utilidad lo que contamos.

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Hablar por hablar, ALTO, STOP, PELIGRO

Hablar no es comunicar. Muchas personas hablan mucho (yo hablo mucho) pero sé diferenciar cuando estoy en un lugar donde esperan que les traslade una información concreta, a cuando mantengo una conversación informal con un amigo. Añado en mi defensa que también me gusta escuchar.

Si tienes que afrontar un discurso del tipo que sea, has de aprender a estructurar las ideas, medir el tiempo, ensayar previamente y sobre todo, interiorizar lo que vas a decir. No hay nada más aburrido que una persona que hunde la cabeza entre sus papeles y lee.

A veces dan ganas de levantarse y decir: ¿Me pasa los folios y ya me lo leo en casa? Nuestra obligación por respeto a quienes nos escuchan, es tratar de que nuestra intervención resulte amena, estimulante y sobre todo (si es posible) participativa.

No temamos ensayar. ¿Te sientes ridículo? No deberías. Al revés. La mejor forma de improvisar es ensayando previamente. Cuando haces tuyo un discurso, una clase, una ponencia…, la seguridad y la confianza vendrán a ti, estarás deseando que llegue el día. Porque si tú disfrutas el resto también lo hará.

Fuera egos

Aquí nadie ha venido a “hablar de su libro”, permitid que mencione esta broma tan utilizada, pero si necesitas mejorar a la hora de hablar frente a otros, no creas que el fin es convertirse en un líder pretencioso o el “rey de la fiesta”. Las personas que utilizan un vocabulario rico pero adaptado al contexto son las que mejor comunican. Los vanidosos, los que emplean demasiados tecnicismos producen rechazo.

Las personas  que rompen la llamada “cuarta pared” en teatro, son aquellas que no ponen ningún obstáculo físico ni mental entre el auditorio y ellos. Responden a preguntas (aunque no dispongan de toda la información) escuchan y toman nota de las ideas que el resto comparte, y además, son conscientes de que no lo saben todo.

Educando a Rita

Rita es tu voz.

La voz es tu instrumento musical. Lo más importante en este viaje. ¿Sabes cómo cuidar de ella? Cuando nacemos nuestra voz es perfecta, pero a medida que crecemos aprendemos a respirar mal. La respiración abdominal muy utilizada en yoga y aconsejada por psicólogos para calmar la ansiedad, es útil.

Existen muchos ejercicios para relajar los músculos faciales. De una manera u otra intervienen en la fonación, y si ese músculo está cansado trabajará mal.

Aquí os dejo una muestra de ellos:


Ejercicios para relajar la cara, la mandíbula y los labios


  • Hacer muecas, tensando y soltando los músculos de la cara
  • Sonreír de oreja a oreja
  • Apretar los labios fuertemente, y destensar
  • Cerrar la boca abriéndola antes exageradamente
  • Hacer círculos con la mandíbula (este ejercicio también lo recomiendan tras haber sufrido una parálisis parcial facial)
  • Llevar la punta de la lengua hacia el velo del paladar y tocarlo con la boca cerrada. No se podrá reprimir el bostezo, que relajará todas las zonas supraglóticas.
  • Inflar los carrillos de aire cuanto podamos y después expulsarlo con la ayuda de nuestros dedos
  • Tirar de las comisuras labiales hacia atrás con los dedos

Fuente: alguno de estos ejercicios fueron propuestos por D. Manuel Francisco Jiménez Bautista en una sus clases como experto en cursos de voz y locución.

Seguiremos con este tema próximamente. ¿Conoces alguna técnica de relajación que te funcione? ¿Tienes algún problema a la hora de hablar delante de un grupo de personas? ¿Necesitas preparar un discurso?

Hablamos

Joana Sánchez González

 

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