Redescubriendo a Sócrates en la era 2.0

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Existen hombres y mujeres que tienen un don. Hablan y te hechizan con su tono de voz, sus pausas, el contenido de su discurso, son eficaces comunicadores. Pero no todos nacemos con esa virtud. Realmente son muy pocos los elegidos.

Pero podemos aprender a dominar un escenario, a ofrecer un discurso atractivo y lleno de ideas interesantes que brillen con luz propia. Podemos educar nuestro tono de voz, mejorar nuestro lenguaje no verbal, tan importante.

Si hablamos de oratoria, hablamos de Cicerón, de Demóstenes  y  también de Sócrates.No hemos inventado nada. Sólo debemos reaprender, dominar la oratoria como lo hacían ellos.

Sócrates defendía al orador como una persona instruida y movida por altos ideales éticos. Consideraba que un político tenía como fin, a través de la palabra, garantizar el progreso del estado.

¿Utopía hoy día? Quiero pensar que no. Que detrás de esta pantalla hay una persona que cree firmemente en sus ideas. Que  pretende ayudar a una comunidad. Un político, un empresario. O “simplemente” alguien que desea mejorar como orador.

Vivimos en una época donde la imagen es un valor añadido. Pero en el contexto actual económico, el público está sediento de personajes como Churchill o  J.F. Kennedy- “hijo” de la era de la imagen- recordemos que quienes escucharon su famoso debate frente a Richard Nixon, estaban divididos en dos grupos: por radio Nixon resultó convincente, mientras que los que vieron el debate por televisión, se dejaron seducir por el carisma, buena presencia y fluidez verbal de Kennedy.

Ahora hay que dominar el medio de comunicación, con nuestra oratoria y presencia. Sócrates no era agraciado pero sí inteligente. Sólo una persona con esa virtud podría decir:

Solo reconocida nuestra ignorancia, estamos en condiciones de buscar la verdad

La humildad es la base del buen comunicador. La prepotencia, se toca, se palpa en el ambiente. A veces no es necesario subir a un escenario para construir una distancia entre el público y el ponente. La cercanía es fundamental, pero sin descuidar la preparación y la formación. Es la única forma de  ser resolutivo.

Por último, han aparecido las redes sociales y con ellas, también una nueva forma de difundir el discurso: con un tono coloquial, breve, directo, cargado de titulares.  El buen orador ha de adaptarse a unos medios donde la improvisación hace acto de presencia.

¿Pero acaso Sócrates no lo hacía? Sus paseos y preguntas a las gentes con las que tropezaba, eran un puro ejercicio de oratoria improvisada.

El usuario es el centro, el contenido el rey. Frase empleada hasta la saciedad para describir la relación con el público 2.0

Ofrezcamos el mismo contenido, la misma calidad que cuando hablamos frente a un público que nos ve, ofrezcamos cercanía, eficacia, ideas que se puedan llevar a la práctica.

 Seamos unos Sócrates del siglo XXI.

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